WINE HOME

Creo que vivir es levantarte por la mañana con la sonrisa de oreja a oreja deseando contar lo que hiciste ayer, deseando compartir con todos ese rato genial que pasaste entre gente maravillosa. Experimentar, saborear, escuchar historias…

Me declaro fan incondicional de Silvia y su proyecto, cenasadivina. Lo he dicho mil veces en el blog, esas cenas privadas y mágicas en Madrid… Siempre miro su calendario de eventos cuando empieza el año e intento organizarme, no sabéis la ilusión que me haría escaparme a alguna de sus cenas, pero casi siempre Madrid parece estar a años luz de mi rutina mundana.

El caso es que el otro día, sin esquemas previos, aterricé en una de esas cenas soñadas, aún me queda pendiente una «cenaadivina», pero esta experiencia fue del todo formidable. Gracias a mi querida Cristina (esta Perseide siempre nos sorprende con sus regalos, y tiene el puesto número uno en el podio de la originalidad), allí nos vimos, en una cena genial y pintoresca, con menú propio de restaurante con estrella y dos expertos catadores que hicieron de la velada una autentica aventura @vinomartorredelmar

La vida sencilla

«Ven hasta aquí, sálvame tu… ponte a reír, prende la luz… cerca de tí, tiemblo.» El funambulista

Lo digo en serio; siéntate un momento ahí, donde puedas, prepárate un tazón de buen café en la taza más apetecible que tengas en tu casa… dedícate ese momento (te lo mereces), mira por la ventana y recuerda algún instante de tu niñez, probablemente olería a buñuelos, sonaría a coro, a llantos por caídas de la bici, a abrazo con chocolate, a vida sencilla…

La vida sencilla, es fácil. Desayunos en el porche, zumo de naranja recién exprimido, ese olor a pan y a bosque… una cesta de fruta, colores almendra, nogal, una pizca de lavanda y notas de Van Morrison en mi tocadiscos. Bailotear contigo ese «Days like this», canción fascinante que debería ser la banda sonora de todas las vidas sobre la tierra.

La Ciudad del Viento

Las torres son tan altas, y tan altos los gigantes…
Hoy he soñado que regresaba a Chicago, aquel espectáculo de torres inalcanzables bajo mis pies o sobre mi cabeza… cuantos ratos a solas, cuantos momentos contigo entre inmensas calles de cine. Será porque estoy enganchada de forma descomunal a «Shameless«, esa serie gamberra rodada en los suburbios de Chicago… será porque ayer vi como diez capítulos seguidos (cosas de esta ola de frío polar), no lo sé… pero mis recuerdos se vuelven increíblemente nítidos esta mañana congelada de domingo en Siberia.
Que empiece la música…

NUEVA YORK, LA PERFECTA ENTROPÍA

«Hay algo en el aire de Nueva York, que hace que dormir sea un desperdicio.»
 Creo que hay un antes y un después en la vida una vez aterrizas en Nueva York… un punto de inflexión. Sin duda es una ciudad que te dice algo, algo que nunca antes te dijo nadie, o todo lo que te decían mientras te hacías la dormida. Un lugar que vuelve humilde a las personas, que les recuerda lo pequeñas que son ante la inmensidad del mundo, entre sus edificios imposibles. Una ciudad sin descanso que pretende escalar el cielo, un fantástico caos organizado en avenidas perfectas, sonoridad y callejuelas cuadriculadas.

Menorca, Deja Vu

Una isla, agua por todas partes, ecos, voces que susurran secretos, magia en forma de temporal, un faro a lo lejos… una historia de verano, un coche galopando por un camino de tierra, la ventanilla abierta y esa ventolera de olor a sal y a algas salvajes… golpeándonos en la cara.
Bienvenidos a nuestro Cuaderno de Bitácora particular: M-E-N-O-R-C-A

Mermelada Casera

Preparar mermeladas caseras es un detalle perfecto, dulce y hecho con amor.

Facilísimo!!! En primer lugar tenemos que comprar frambuesas frescas de calidad, limpiarlas bien y dejarlas escurrir. Una vez limpias las frambuesas, las introducimos en un recipiente adecuado y añadimos el azúcar.  Dejamos la mezcla en maceración durante un par de horas para obtener el jugo. Removiendo lentamente en un cazo dejamos que hierva el preparado hasta que adquiera la textura de mermelada.

Picnic de invierno extraterrestre

Estaba allí, intacta como si nada… mordiéndose las uñas como de costumbre,  frente a frente, mirándose fijamente en aquel picnic extraterrestre. Todas las nubes volando sobre sus cabezas y ese frío penetrante que les recordaba que aún estaban vivos. Lágrimas dulces y esa forma de nostalgia que llenaba el vacío sin que ellos lo supiesen.  En sus ojos, su lucha contra el miedo y todas las sensaciones inexplicables de las almas maravillosas.

El Mercado de las flores

Hoy como muchos otros domingos me he levantado temprano… y es que por más que lo intento no puedo dejar de madrugar, que lejos quedaron aquellos días en los que dormía como una marmota y me levantaba para la merienda. Aunque lo niegue mil veces, soy más de «desayunos», unas buenas tostadas con mantequilla, mermelada y un buen café con leche no tiene precio. El caso es que cuando a las nueve y media de la mañana de un domingo te sientes con una explosión de energía un tanto ruidosa, tienes que escapar de casa. Y nada mejor que un paseo por el mercado de la flores en Columbia Road, de película.

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