Mi historia

«El coraje de una confesión eleva el poder de una historia.» Victor Frankl

Desconozco si estás en este blog por casualidad, por curiosidad, por pura amistad o simplemente porque encontraste algo en él que verdaderamente te inspiró, pero debes saber que cada frase que aquí leas no fue escrita para ti, fue escrita únicamente para mi misma, aunque es cierto que me encantaría que te sirviese.

El Mundo de Birichinata nació un martes cualquiera, no fue planificado, fue una de esas decisiones inquietas movida por la necesidad de contarme a mi misma mis historias, en un tiempo donde cada una de ellas había dejado de tener sentido. Y sí, puede que este blog no se creara para ser leído, es irónico, pero es verdad. Se trataba de tener un lugar personal donde el miedo se transformase en algo que no doliera, donde la belleza pudiese organizarse a mi manera alejándose de los ruidos de la mente. Y así, poco a poco, Birichinata se convirtió durante mucho tiempo en ese café de los domingos en el que conseguía ponerle música a las palabras para que la vida pareciese menos rara.

«Qué andarás haciendo ahora. Hecha una madeja en el sillón. Dibujando constelaciones en los huecos de los cuadros que aún faltan por colgar.» Ismael Serrano

BLOG

Hace ya más de diez años desde mi primera entrada en este blog. ¡Diez años! Qué barbaridad… me pregunto cómo hemos podido aguantar todo este tiempo juntos, sin destruirnos en un arrebato. Recuerdo mis primeros posts allá en el 2012, en un Madrid por descubrir, callejeando con mi cámara Diana a cuestas, publicaciones con muchas imágenes y sin a penas texto, es cierto que al principio me costaba mucho hablarle al teclado, abrirle el corazón. Costó años superar esa barrera, pero con el tiempo la cosa cambió, y ahora me cuesta mucho más poner imágenes a lo que tengo que decir.

Evolucionamos. En aquellos tiempos en los que los blogs se pusieron de moda, me plantearon pasarme a plataformas más atractivas para el público en general, en las que probablemente este lío se hubiese hecho más visible, más real. Buenos contactos, entradas más ordenadas, otras temáticas… Pero la cosa, como os he contado desde el principio, nuca había ido de eso.

Así que Birichinata continuó siendo una canción independiente en un idioma peculiar. Porque he llorado de emoción escribiendo historietas bajo la ventana, muchas muchas veces, intentando plasmar esa verdad que me hace ser quién soy y hace ser a mi mundo lo que es. Y aunque suene pretencioso, me gusta pensar que cuando yo ya no esté, cuando el tiempo me lleve entre sus segundos y me convierta en polvo, en caracola… mis palabras seguirán, mis códigos html seguirán insertos en un internet futurista, perdidos, encriptados… y quizás (quién sabe) puede que algún personaje del futuro los encuentre y en sus emociones, yo, consiga regresar.

CARTAS DESDE LA CASITA DEL ÁRBOL

VOLVERSE FLUORESCENTE

Un día, en el café de la mañana se enciende ligeramente una bombilla y empiezas a ver señales. Parece, levemente, que después de todo, después de tanto escribir, después de tanto esfuerzo inimaginable para muchos, has empezado a aceptarte, a mirarte al espejo sin pestañear, entendiéndote, con tus planetas, tus torbellinos y tu intensidad. Y te das cuenta, otra vez, aunque esta parece más definitiva, que los que no están no están porque no quieren, que la vida es esto que ocurre ahora, que el tiempo es relativo y cada uno lo estructura a su manera, y definitivamente no quieres tiempo de aquellos que no quieren dártelo.

Así que respiras (por fin) porque en el fondo te has quitado un lastre, un ancla pesada. Da igual gustar o no, regular tu magnitud, da igual. Dejas la mente libre, para que la invadan todo tiempo de pensamientos, ya no tienes miedo a la creatividad, aprendes que la mente es capaz de verlo todo, la mayor de las bellezas y de las oscuridades. Y empiezas a brillar de nuevo para ti, como hacías cuando eras niña, pero esta vez sin dejar que las malas palabras de otros oculten tu luz, que pretendan esconderte, apartarte de tu fuerza. Entierras la crítica, la maldad, el daño. Perdonas.

Quizás la hiperpercepción no era el mayor de tus defectos, sino la más bonita de tus singularidades. Así que brillas, sin dejar que ya nadie regule tu intensidad, y sin más de repente, te vuelves fluorescente.

«No te preocupes por mi, por un momento crucé al otro lado y luché con esas bestias gigantes. Sólo te quise decir que no dejé de creer, pero era grande la sensación de vértigo constate.» Leiva

 

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