Birichinata con amor

No puedo estarme quieta y como prueba de ello os dejo algunas fotografías de mis últimas creaciones. Me he animado con los colgantes. Están hechos con mucho cariño. Piezas encontradas en rincones geniales de Londres llenos de magia y encanto. Cada uno de ellos tiene una historia especial. Espero que os gusten 😉
Me apetecía dar un toque a madera, a taller… a recién hecho. Por eso las tarjetas de cartón viejo. Lo más importante, el corazón amarillo… que nos recuerda que lo pequeño y diferente sabe mejor, sobre todo cuando está hecho con amor.

Aquellas pequeñas cosas

Volando en Bicicleta

Cuando era pequeña pocas cosas me hacían más feliz que subir con mi bicicleta la colina de mi urbanización, era duro aquello, pedalear hacia arriba nunca fue fácil, toda una hazaña, en pie sobre los pedales, girándolos con toda la fuerza y la energía que tenía, como si aquello fuese lo más importante de mi vida… Porque merecía la  pena llegar a la cima, visualizar todo ese mundo bajo mis pies. Era una conquista genial, por un instante, todo! absolutamente todo me pertenecía. Subir sobre el sillín y dejarse caer, a veces sin manos, sin pies… volando durante segundos sintiendo aquel airecillo húmedo en la cara y aquella sonrisa…

El caso es que con el tiempo, sin darnos cuenta nos volvemos demasiado exigentes con eso de la felicidad. Hace mucho que no pruebo a deslizarme en bicicleta por aquella colina, ya casi he olvidado aquellas sensaciones. Hace como diez años que realizo ese trayecto en coche, una rutina práctica, sin acordarme casi nunca de la niña que fui. Prometo que cuando regrese a casa, será la primera cosa que haré. Sin pies, hacia abajo… volando!

Dibujando cohetes para volar muy lejos

Coloreaba figuras, prismas de colores superpuestos. Me encantaba seleccionar las tonalidades y componer mezclas imposibles. Como una expresión de mi libertad perdida, una toma de control absoluta del universo que nadie me podía arrebatar.
Dibujaba frente a la chimenea, con la alfombra repleta de “carioca”, ese olor a cuadernos y a ceras de color… las manos manchadas y por supuesto algún que otro garabato en la cara. Porque por un instante el mundo es un folio en blanco, un espacio abierto que nos permite ser lo que queramos ser. Y es que en defenitiva el blanco puede convertirse en cualquier cosa.

El Mercado de las flores

Hoy como muchos otros domingos me he levantado temprano… y es que por más que lo intento no puedo dejar de madrugar, que lejos quedaron aquellos días en los que dormía como una marmota y me levantaba para la merienda. Aunque lo niegue mil veces, soy más de “desayunos”, unas buenas tostadas con mantequilla, mermelada y un buen café con leche no tiene precio. El caso es que cuando a las nueve y media de la mañana de un domingo te sientes con una explosión de energía un tanto ruidosa, tienes que escapar de casa. Y nada mejor que un paseo por el mercado de la flores en Columbia Road, de película.

Aquellas princesas…

Un día no hace demasiado tiempo fuimos princesas… y vivimos en un palacete, solíamos sentarnos en nuestros tronos de colores y jugábamos a arreglar el mundo en eternas tardes de café, mientras un cuadro de Audrey Hepburn presidía nuestro reino.

Aquellos días en la universidad, parece que fue ayer. Todas metidas en el ascensor, apretujadas y esos chistes absurdos que sólo entendíamos nosotras. Una charla rápida en el bar de abajo y a pasear los apuntes por las bibliotecas. Éramos de las del “hoy no salgo”… y ni siquiera volvíamos a casa a cambiarnos de pantalones 😉 Un autobús de la nada. Madrid, por ejemplo. El equipaje, vuestra compañía.

Historietas de verano

No sé muy bien como expresar este cúmulo de emociones que siento en el corazón,  ya se acabaron mis dos semanas de vacaciones. Días intensos, llenos de recuerdos, de música y de quebraderos de cabeza, como no podía ser de otra manera viniendo de mí, que soy un torbellino de sentimientos a flor de piel.
La verdad es que me cuesta mucho dejar atrás mi playa y empezar de nuevo. Voy a echar mucho de menos esos cafés de media tarde tostándonos al sol. La orilla, tumbarme boca arriba sobre el mar y sentir el va y ven de las olas… en fín todos sabemos que las cosas parecen mucho más simples desde ese ángulo.

Siempre

El tiempo pasa, eso es inevitable, nos empeñamos en detener los relojes y nos resulta imposible. Los segundos pasan a velocidad de vértigo y frente a eso sólo nos queda disfrutarlos con la mejor de las sonrisas. Os miro y veo tantos recuerdos, tantas historietas vividas, tantas carcajadas… tantos carnavales de color. Lo mejor de caminar es que vosotras siempre recorréis el camino paralelo y de vez en cuando, puedo observaros por encima de los matorrales para ver que tal.
Siempre habrá plazoletas que unirán los caminos en un punto, siempre contaremos con puntos estratégicos, rincones para encontrarnos en un instante infinito, uno de esos que te llevas para siempre; y entonces será como volver a encontrarnos, volver al principio del camino.
Now and then, Amigas para siempre 1995

Escapada campestre

Olor a frambuesas, toda la gama de verdes y un solecito anaranjado, la cabaña en el árbol y comilonas en el jardín. El resultado… una perfecta escapada campestre,  aquí os dejo mi galería.

Todo flores

“Siempre había habido en el planeta del principito flores muy simples, adornadas con una sola fila de pétalos que apenas ocupaban sitio y a nadie molestaban. Aparecían entre la hierba una mañana y se extinguían. Pero aquella había germinado un día de una semilla llegada de quién sabe dónde…” Antoine de Saint

Busca ese momento especial y no lo dudes, envuelveté en flores!