Elegir

“Ya estamos en edad de tirar por la borda los sentimientos que no nos sirven para nada… y quedarnos sólo con aquellos que nos ayudan a vivir.” Isabel Allende

Dices que te aburres, que este lugar te atrapa hasta que se te cae encima, que las cosas aquí parecen demasiado pequeñas. Días iguales en inviernos idénticos, que dibujan líneas rectas en el calendario. ¿Sabes qué? Yo también solía decir eso.

No se si serán los años, el tiempo que nos transforma y nos descubre otras personalidades… porque al crecer dejamos de entusiasmarnos con el ruido y empezamos a valorar los silencios. A valorar, lo que al parecer desde el principio había sido “lo importante”, y decidimos escuchar la vida, pararnos delante de ese instante y respirarlo dos veces por segundo, porque somos conscientes de que nunca volverá. Y elegimos otras formas de pasar el tiempo, de decorar nuestro propio universo, otras formas de estar en él y de hacer que cuente. Stephen Hawkings dijo una vez que “el universo no sería tan interesante sino fuese el hogar de la gente a la que amamos”.

A cerca del miedo

“Sólo quiero que te vayas, sólo quiero que se acabe… sólo quiero que me dejes solo. ¡Fuera! Vete de mi casa… no soy más que un niño con los pies descalzos.” Pablo López

No se cuantas veces habré empezado o terminado una entrada del blog diciendo aquello de que el miedo sólo es al empezar… después esa sensación se desvanece, salimos del círculo de seguridad, lo ampliamos… y nos sentimos un poquito más libres, un poquito más enormes.

Si te dijese algo a cerca del miedo, te diría que es un espejismo, un arma que nos obliga a dejar de ser niños, que nos ata las manos, que nos encierra en realidades de barro y nos empuja a apagar las luces de esas habitaciones donde una vez construimos sueños, donde jugábamos a todo lo olvidado, siendo felices.

Cambio de rumbo

“La vida es como un globo aerostático. Para subir más, hay que saber soltar lastre y arrojar por la borda todo lo que nos impide elevarnos.” Raphaelle Giordano

Tenemos miedo, que digo miedo “pánico” al cambio, al giro repentino de planes… a la necesaria y vital forma de girar el volante 360 grados de vez en cuando. Recuerdo alguno de esos instantes clave, pequeños o grandes acontecimientos en la vida que me hicieron levantarme de la silla de golpe. Ese “clic” que señala que es hora de partir, señales, muchas de ellas desapercibidas… como un café que sabe diferente… o esa tristeza sostenida de invierno, una frase en el autobús… aquella canción de Queen… sensaciones con todo y para todo. Es entonces, cuando tras tres o cuatro tardes de duda y melodrama, de películas surrealistas y de litros de helado de chocolate a la americana… decides que hay que dibujar otros caminos. Y aunque la incertidumbre siempre ha sido mi punto débil, he de decir que es de las mejores cosas que nos regala la vida, sino menuda falta de factor sorpresa… ¿no creéis?

Carta a una super heroína

¿Te acuerdas de aquellos ponys de colores, esos que tenían el pelo fluorescente y olían a fresa..? Conseguir uno a la salida del cole y peinarle el pelo con aquel minúsculo cepillo rosa fucsia era la mayor de las felicidades… ¿Te acuerdas cuando aquello bastaba para conquistar el mundo…? Y sólo vivíamos para ser, con aquella libertad de no necesitar parecer nada más de lo que éramos.

Un paseo por las nubes

Los paseos por las nubes eran un poco así… irreales, un déja vu incierto por el que nos dejábamos envolver. Yo ya estuve allí, sin duda… probablemente en mi otra vida, no tan lejana desde aquí. Respiraba profundo, aquel airecillo húmedo me resultaba tan familiar, el sonido del infinito… Tardes de lluvia en las que las nubes podían tocarse con las palmas de la manos.
“Una chica que vuela en avión, otro regreso más en la carpeta.”
Somos energía, alguna gente opina que nuestro paso por la vida se basa en teorías magnéticas, en eso de la atracción, el karma… (que cosas…) Siempre he sido de conceptos químicos (y aunque el magnetismo también encaja) para mi tenía más sentido el movimiento, aquello de las vibraciones, esa parte cinética de las cosas.

Aquellas pequeñas cosas

Volando en Bicicleta

Cuando era pequeña pocas cosas me hacían más feliz que subir con mi bicicleta la colina de mi urbanización, era duro aquello, pedalear hacia arriba nunca fue fácil, toda una hazaña, en pie sobre los pedales, girándolos con toda la fuerza y la energía que tenía, como si aquello fuese lo más importante de mi vida… Porque merecía la  pena llegar a la cima, visualizar todo ese mundo bajo mis pies. Era una conquista genial, por un instante, todo! absolutamente todo me pertenecía. Subir sobre el sillín y dejarse caer, a veces sin manos, sin pies… volando durante segundos sintiendo aquel airecillo húmedo en la cara y aquella sonrisa…

El caso es que con el tiempo, sin darnos cuenta nos volvemos demasiado exigentes con eso de la felicidad. Hace mucho que no pruebo a deslizarme en bicicleta por aquella colina, ya casi he olvidado aquellas sensaciones. Hace como diez años que realizo ese trayecto en coche, una rutina práctica, sin acordarme casi nunca de la niña que fui. Prometo que cuando regrese a casa, será la primera cosa que haré. Sin pies, hacia abajo… volando!

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