A cerca del miedo

“Sólo quiero que te vayas, sólo quiero que se acabe… sólo quiero que me dejes solo. ¡Fuera! Vete de mi casa… no soy más que un niño con los pies descalzos.” Pablo López

No se cuantas veces habré empezado o terminado una entrada del blog diciendo aquello de que el miedo sólo es al empezar… después esa sensación se desvanece, salimos del círculo de seguridad, lo ampliamos… y nos sentimos un poquito más libres, un poquito más enormes.

Si te dijese algo a cerca del miedo, te diría que es un espejismo, un arma que nos obliga a dejar de ser niños, que nos ata las manos, que nos encierra en realidades de barro y nos empuja a apagar las luces de esas habitaciones donde una vez construimos sueños, donde jugábamos a todo lo olvidado, siendo felices.

Cambio de rumbo

“La vida es como un globo aerostático. Para subir más, hay que saber soltar lastre y arrojar por la borda todo lo que nos impide elevarnos.” Raphaelle Giordano

Tenemos miedo, que digo miedo “pánico” al cambio, al giro repentino de planes… a la necesaria y vital forma de girar el volante 360 grados de vez en cuando. Recuerdo alguno de esos instantes clave, pequeños o grandes acontecimientos en la vida que me hicieron levantarme de la silla de golpe. Ese “clic” que señala que es hora de partir, señales, muchas de ellas desapercibidas… como un café que sabe diferente… o esa tristeza sostenida de invierno, una frase en el autobús… aquella canción de Queen… sensaciones con todo y para todo. Es entonces, cuando tras tres o cuatro tardes de duda y melodrama, de películas surrealistas y de litros de helado de chocolate a la americana… decides que hay que dibujar otros caminos. Y aunque la incertidumbre siempre ha sido mi punto débil, he de decir que es de las mejores cosas que nos regala la vida, sino menuda falta de factor sorpresa… ¿no creéis?

Aquellas princesas…

Un día no hace demasiado tiempo fuimos princesas… y vivimos en un palacete, solíamos sentarnos en nuestros tronos de colores y jugábamos a arreglar el mundo en eternas tardes de café, mientras un cuadro de Audrey Hepburn presidía nuestro reino.

Aquellos días en la universidad, parece que fue ayer. Todas metidas en el ascensor, apretujadas y esos chistes absurdos que sólo entendíamos nosotras. Una charla rápida en el bar de abajo y a pasear los apuntes por las bibliotecas. Éramos de las del “hoy no salgo”… y ni siquiera volvíamos a casa a cambiarnos de pantalones 😉 Un autobús de la nada. Madrid, por ejemplo. El equipaje, vuestra compañía.

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