La Ciudad Burbuja

Ese lugar donde Birichinata, Mady, Clementine, Marieta y Lora (la pequeña exploradora) fueron felices para siempre.
Vivíamos en una ciudad burbuja, donde las estaciones oscilaban a nuestro antojo, una ciudad de casas con chimenea a pie de playa. La ciudad donde Clementine leía libros al sol, mientras Mady preparaba café en cafetera de latón. Una ciudad donde no existían los principios ni los finales… una ciudad sin tiempo. Pureza estelar, o algo así, ritmos circadianos y conexión; una unión más grande que la fraternal, una amor saturniano a años luz de todo lo conocido.
Porque las decepciones no ocurren en el espacio y mucho menos en aquella ciudad burbuja. Y así es como deberíamos sentirnos toda la vida, en un vuelo arriesgado sobre lugares llenos de sueños.

Carta a una exploradora

“Creo que lo ordinario se da la mano con lo extraordinario, cada día.” Joy
Pensé en escribirte hoy… la noche siempre saca muchas más reflexiones fascinantes que la luz del día, la oscuridad esconde esa vulnerabilidad mágica que nos hace más pequeños, sí! Pero mejores…pedacitos de valentía y trocitos gigantescos de miedo.
A veces te desconectas, y entras en ese mundo de aventuras épicas que sólo tu conoces, y con el que sólo tú sabes soñar. Y es que tu forma de soñar siempre ha sobrepasado con creces todas las posibles y existentes barreras de la realidad. Tus sueños se extendían mucho más lejos de lo conocido… y eso, he de decirte que siempre me ha mantenido enganchada a tu cantimplora.

Todo lo que no se ve

Al parecer alguien dijo una vez…
“Las dificultades preparan a personas comunes para destinos extraordinarios.”

Respiré muy fuerte esta mañana, más fuerte de lo habitual… eso seguro, preciosos cafés pre-otoñales. Las luces de agosto se difuminan y se convierten hoy en grises de nubarrones, y no quiero que llueva. Hoy no.

La butaca en la terraza y ese oleaje repetitivo, esas olas que retumban más dentro que fuera de la habitación. Septiembre siempre ha sido nuestro mes de reseteo, de echar de menos, de naufragar. ¿Cómo puede uno perderse tanto en una habitación con cuatro paredes? ¿Cómo puede uno decepcionarse tanto por aquellos barcos que parecen navegar lejos, casi invisibles entre las olas?Yo era de coleccionar barcos, de perseguirlos, de atraparlos en botellas para siempre… absurdo, ilógico… Todo lo que viaja lejos de ti, es porque no quiere hacerlo a tu lado, gran verdad universal (y sí, eso también ocurre en Saturno). Todo lo que no está a tu lado, todo lo que no te consuela cuando lo necesitas… Todo lo que no está, es porque no está, y todo lo que no se percibe es porque no quiere ser percibido. Y contra esta ley o teoría física elemental, no hay poderes humanos que comulguen. Así que no persigas barcos que no entienden tu oleaje, no intentes navegar sobre mareas ajenas a ti. No lo hagas, sólo encontrarás soledad.

Te cuento una cosa… ahora me ha dado por las sesiones de música indie, parece que mi independencia otoñal se refleja también en la música. Mejor sola que acompañada de reptiles que cambian de color, mejor sola escuchando indie que bailando entre apariencias. Amando hasta lo más profundo a esa gente que es amarilla y no se camufla ni siquiera en el campo de batalla. BRINDEMOS POR LA GENTE AMARILLA!

Cierro los ojos y esta melodía invade mis poros, te imagino corriendo por la orilla entre las olas, entre carcajadas… que auténtico eres. Con esa sonrisa partida y esa forma tuya tan peculiar de balancear las cosas… Puede que me gustes, y eso que te vistes raro, nunca fue tu fuerte combinar colores, rayas y cuadros… sombreros de paja y tirantes, y es que todo te sienta bien, mi chico “indie”

Querida niña extraterrestre

Hoy te diré aquellas cosas que nunca te dije…
Te escribo a ti, sí a ti… a esa filósofa griega atrapada en la época moderna, a esa astronauta con miedo a las alturas, a esa extraterrestre en la tierra. Has huido de piratas, atravesado meteoros sin armadura y dios sabe que te ha picado, que te ha dolido… Jolín si hasta has ardido de forma desbordante; pero qué habría sido de tu viaje sin esa posibilidad. Al parecer has vuelto de Siberia esta madrugada, no se cuanto tiempo sueles andar metida en sus heladas, sólo sé que esta salida sólo es temporal, y probablemente corta, no más de uno o dos ciclos lunares, imagino. Y es que en el fondo te encanta lo místico. Bueno, no quiero que te disculpes por ese universo tuyo, no deberías pedirme perdón por mudarte a tus planetas. Tengo claro que el que te exige explicaciones jamás encontrará naves para llegar a ti.

La Chica del Café Solo

-Un café solo, doble y con mucho hielo…
Mmm… (voz en off) no sé si habrá escuchado lo del hielo.
– Con mucho, mucho hielo…
Y es que la chica del café solo era más de hielo que de café, tan sólo eso explicaría su supervivencia ante aquellas elevadas dosis de cafeína en vena. Le encantaba jugar con el hielo, girarlo en el vaso escuchando atenta tus conversaciones, con los ojos abiertos como platos. Esos detalles exclusivos que describen a las personas y las hacen irrepetibles.
A la chica del café solo, la amas, y sino la amas es que eres tonto… de remate.

Ese Magnífico Viaje

“Todo lo que tenga que pasar, pasará… y al final, la mayoría de las veces, no será para tanto.”
Treinta años… parece que fue ayer… ¿Te acuerdas de todas las cosas que hemos pasado..? Aquel viaje, aquel hotel perdido de Madrid, esos exámenes interminables, aquel día lluvioso en el que te partieron en el corazón… o aquel otro día en el que lo reconstruimos juntas.
Cuantos corazones de verdad en el camino. Suena a tópico “pero si volviese a nacer, haría exactamente lo mismo, porque no imagino una vida más mágica que la mía”… eso sí, probablemente buscaría la manera de perder el miedo.

De viaje al ascensor

Entras en un ascensor, esos dos o tres minutos claustrofóbicos entre personas con las que nunca has cruzado palabra… que cosas, cuanta soledad incomprendida. A veces me gusta jugar a imaginarme de donde vienen, a donde van… como serán sus vidas; quizás ellos hagan lo mismo conmigo, nunca se sabe. Compartimos espacio y tiempo con gente con la que jamás interactuamos, a muchos de ellos ni siquiera los vemos, no existen a nuestro alrededor… y pese a todo,  muchos de nosotros (paradojas de la vida) a pesar de estar rodeados por millones de personas, en ocasiones nos sentimos solos.
Fotografía de Pawel Bebenca
Un poco de terapia y al final lo que nos pasa es que nos aburrimos, nos estancamos en lo que hay, en lo cotidiano y nos mantenemos herméticos, acumulando sentimientos en el fondo, conteniéndonos para no estallar. Que simple, ¿pero que hacer cuando la gente que te aporta está a más de dos horas en avión o a más de dos horas en ocupaciones…? Muy fácil. Hablar con tu ascensor.

Un paseo por las nubes

Los paseos por las nubes eran un poco así… irreales, un déja vu incierto por el que nos dejábamos envolver. Yo ya estuve allí, sin duda… probablemente en mi otra vida, no tan lejana desde aquí. Respiraba profundo, aquel airecillo húmedo me resultaba tan familiar, el sonido del infinito… Tardes de lluvia en las que las nubes podían tocarse con las palmas de la manos.
“Una chica que vuela en avión, otro regreso más en la carpeta.”
Somos energía, alguna gente opina que nuestro paso por la vida se basa en teorías magnéticas, en eso de la atracción, el karma… (que cosas…) Siempre he sido de conceptos químicos (y aunque el magnetismo también encaja) para mi tenía más sentido el movimiento, aquello de las vibraciones, esa parte cinética de las cosas.

Ráfagas de papel y casualidad

“Qué piensas ahí sentada, en silencio… perdida en la ventana? 
En fotografías veladas, fotografías que nunca se revelararán… pero que flotan en mi cabeza tan nítidas como si las tuviese delante. 
¿Y por qué lloras?
Porque sin ellas tu jamás podrás ver lo que yo veo.”
Hay un arte perfecto en la improvisación, en la casualidad… y a veces por qué no, en lo inservible. Nunca te des por vencido ante un borrón oscuro o ante una mancha de café en un lienzo blanco, siempre habrá otra forma de mirarlo, de darle la vuelta y ver la belleza de la imperfección.

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