Tu nueva yo

Los momentos malos constituyen esa necesidad para el aprendizaje, esos puntos de inflexión que nos abren los ojos y nos hacen un poco más fuertes, más astutos, menos cobardes y mucho más valientes. Dices que odias el paso del tiempo, que te agobia que pase el verano y que las semanas se te esfumen como agua entre los dedos… que odias los domingos, que se apodera de ti la ansiedad inexplicable del paso de los ciclos, del fin de las semanas… en cambio a mi, cada vez me gustan más… por esa nostalgia que encierran. Los domingos son mi día de escribir, de espacio para la desconexión (tan necesariamente humana), el día del baño caliente con espuma o del libro en el sofá.

 

Puede que ya me encantasen los domingos en la universidad (cuando renegaba de ellos, engañando a todos), era nuestro día quejica, ese que ahora no cambiaría por nada… y que constituye uno de los recuerdos más nítidos y geniales que tengo… acurrucadas en aquel cuarto congelado de la residencia, comiendo galletas y hablando sobre lo poco que sabíamos de la vida… (tampoco es que ahora sepamos mucho… a decir verdad). Te fumabas tu cigarrillo en la ventana, con ese estilazo tuyo, desenfadado pero de cine, con aquellas gafas de pasta, repasando sobre tus monturas algunos apuntes de última hora.

Verano

Ya estamos de nuevo por aquí, han sido unos meses complejos, llenos de bocetos que se armaban y desarmaban por segundos, llenos de rupturas internas y de comienzos, supongo que como siempre en la vida… hay ratitos de pararse, de reflexionar y de descargar todo aquello que pesa de más. Aún me encuentro en una de esas descargas “siberianas”… pero poco a poco todo se siente más ligero. Birichinata está siendo un caos absoluto que no termina de concordar, un batiburrillo lleno de piezas que encajan pero se repelen a la vez, aunque aquí sigo inmersa en este sueño, compartiendo con todos vosotros este proyecto… difícil de interpretar.

Y es que a lo tonto a lo tonto nos hemos metido de lleno en otro verano más, un verano de calorín, de sombrillas a borbotones y de ajetreos… Parece que el metro cuadrado de playa vale oro. Que lejos quedaron aquellos días de invierno, de paseos por esas arenas nostálgicas… Los veraneantes no saben de la magia de la playa de invierno, de sus secretos, ni de su tempestad… Y aunque me disfrazo de turista y me entremezclo entre las señoras con gafas a la última y sombreros ibicencos, esta arena siempre me hace sentir especial, en casa, en esa casa veraniega que se prepara año tras año para el festín, para esos meses intensos de julio y agosto, dando todo de sí misma en un verano de luces y ferias, rebosando ruido, música, carcajadas y brindis con mojito a la luz de la luna… Es bonito ver esa estampa repitiéndose año tras año, desde la perspectiva de morriña de los días lejanos, en los que la ciudad nos olvida y nos convierte en una postal de nevera, en una taza de recuerdo para el desayuno, o en ese amor de verano que nunca volverá… desde esos días en los que la niebla marinera lo respira todo y el ritmo se enlentece y todo absolutamente todo se hace místico, recordándome porque esta es la única orilla del mundo que no dejaría nunca de mirar.

El Viaje Encantado

Jose Bernal & mi maravillosa experiencia fotográfica en Antequera
“Me encantan los días esos en los que parece que te lanzas, te quitas los complejos y te tiras a la piscina sin flotador. Con tus inseguridades y tus miedos escondidos en los bolsillos… con tus nubecillas reboloteando en la cabeza y las alas bajo los pies. Los días en los que eres tú misma, sin importarte que te critiquen… los días en los que decides que vale la pena.”
Todo empezó una tarde de imaginación, seguida de un POR QUÉ NO..?
Fotografía y planes alternativos de domingo por la mañana, bonitos cafés de carretera, que sirven para abrir círculos, ampliar, sumar, multiplicar… en eso debería consistir siempre la vida, en pasar ratos de película, alejándonos lo máximo posible de los que se empeñan en aplastar la creatividad. La vida debería consistir en hacer cada segundo lo que verdaderamente nos hace felices.

Desde mi Olivetti cuando no me ves

Es raro escribir con Olivetti en el año 2017, sobre todo porque al final escribas lo que escribas sino está escrito en ordenador, se pierde en el desorden caótico. Contigo Olivetti las cosas son de otra manera, me pones nostálgica y me inspiras algo, será tu sintonía musical, esa cancioncilla al escribir, no sé… me generas un aire tan místico que hasta me siento especial.

La pequeña Olivetti era de mi abuelo, lo recuerdo escribiendo sus cartas y operaciones de contabilidad como si fuese ayer, con aquellas gafas de pasta en equilibrio sobre la punta de la nariz. Cuando suena Olivetti y le cuento mis historietas “astronáuticas” de planetas imaginarios, mi abuelo parece estar un poquito más aquí, más conmigo, más en la tierra.

La Astronauta Valiente

Está la gente que vive en un metro cuadrado de realidad, que es feliz en una minúscula pompa donde todo cabe y todo controla, están los malhumorados, los quejicas incansables, los luchadores, los superficiales sin “chicha ni limoná”, los que quieren soñar, emprender y romper el techo, los que no duermen, los que se enamoran, los que lloran, los que ríen… están todos esos. Y después… están los valientes, estás tú.

La Casita Marinera


El mar y sus azules por la ventana, colores anaranjados que se dibujan como un cuadro de Monet. Y me quedo en blanco… pasmada mirando los minúsculos barcos en el horizonte. Historietas, viajes, películas… textos que regresan a mi memoria a modo de voz en off… y no me encuentro.

… yo sólo quiero, yo sólo entiendo, yo sólo busco… y ya no me encuentro.

La Ciudad del Viento

Las torres son tan altas, y tan altos los gigantes…
Hoy he soñado que regresaba a Chicago, aquel espectáculo de torres inalcanzables bajo mis pies o sobre mi cabeza… cuantos ratos a solas, cuantos momentos contigo entre inmensas calles de cine.
Será porque estoy enganchada de forma descomunal a “Shameless“, esa serie gamberra rodada en los suburbios de Chicago… será porque ayer vi como diez capítulos seguidos (cosas de esta ola de frío polar), no lo sé… pero mis recuerdos se vuelven increíblemente nítidos esta mañana congelada de domingo en Siberia.

Asteroide 2016

30 de diciembre del 2016
Ya tengo las maletas preparadas, el cohete disparando estrellas como nunca, no se si alguna vez arreglaré ese maldito tubo de escape, en el fondo me gusta que la purpurina lo ilumine todo al despegar; esa fascinante estela de color al arrancar… dejando constancia de lo vivido.
Asteroide, te echaré de menos… tanto, tanto, que he intentado atraparte en postales, en notas de última hora, en cintas de recuerdos y cajas gigantescas embaladas… casi no me cabe todo en mi pequeño maletero de hojalata. Me esforzaré mucho en no olvidarte (te lo prometo), en no perder jamás todo lo que me has regalado y lo que hemos aprendido juntos. Tantísimos viajes infinitos por carreteras olvidadas, tantísimas decisiones sobre la marcha…
No siempre el universo hermoso nos lleva a los lugares más transitados, a veces nos sentimos solos, materia oscura, silencio infinito. Aunque en esos momentos la burbuja se hace tan brillante, tan intensa… que hasta la oscuridad más profunda deja de darnos miedo.

REINAS

Con esa fuerza más grande que el viento, entrabas en las habitaciones y lo llenabas todo.

Uno oculta el invierno bajo sus hojas, se disfraza de arboleda y de seguridad, colores vino que nos alejan de la niñez o nos devuelven a ella, a modo de calcetines de lana con bolones. Puede que seas difícil de entender, probablemente seas como uno de esos conceptos extremadamente creativos o abstractos. Da igual, eres deslumbrante incluso con ese improvisado pijama que gastas, colores flúor, atuendo para explorar territorios, sacar la basura y perderse por travesías en ascensor.

No sé si dibujaste tus perspectivas en algún papel (algunos días lo busco). Recuerdo contemplarte pensando que eras como una estrella desaprovechada, que brillabas demasiado para aquellas cuatro paredes… podrías haber escrito historias de cine, vivir entre focos, luces y noches de gala. Pero tu forma de planear la vida no te lo hubiese permitido, se alejaba, años luz, de todos esos mundos paralelos.

NUEVA YORK, LA PERFECTA ENTROPÍA

“Hay algo en el aire de Nueva York, que hace que dormir sea un desperdicio.”
Creo que hay un antes y un después en la vida una vez aterrizas en Nueva York… un punto de inflexión. Sin duda es una ciudad que te dice algo, algo que nunca antes te dijo nadie, o todo lo que te decían mientras te hacías la dormida.Un lugar que vuelve humilde a las personas, que les recuerda lo pequeñas que son ante la inmensidad del mundo, entre sus edificios imposibles. Una ciudad sin descanso que pretende escalar el cielo, un fantástico caos organizado en avenidas perfectas, sonoridad y callejuelas cuadriculadas.

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