El Viaje Encantado

JOSE BERNAL Y MI MARAVILLOSA EXPERIENCIA FOTOGRÁFICA EN ANTEQUERA
“Me encantan los días esos en los que parece que te lanzas, te quitas los complejos y te tiras a la piscina sin flotador. Con tus inseguridades y tus miedos escondidos en los bolsillos… con tus nubecillas reboloteando en la cabeza y las alas bajo los pies. Los días en los que eres tú misma, sin importarte que te critiquen… los días en los que decides que vale la pena.”
Todo empezó una tarde de imaginación, seguida de un POR QUÉ NO..? Fotografía y planes alternativos de domingo por la mañana, bonitos cafés de carretera, que sirven para abrir círculos, ampliar, sumar, multiplicar… en eso debería consistir siempre la vida, en pasar ratos de película, alejándonos lo máximo posible de los que se empeñan en aplastar la creatividad. La vida debería consistir en hacer cada segundo lo que verdaderamente nos hace felices.

Desde mi Olivetti cuando no me ves

Es raro escribir con Olivetti en el año 2017, sobre todo porque al final escribas lo que escribas sino está escrito en ordenador, se pierde en el desorden caótico. Contigo Olivetti las cosas son de otra manera, me pones nostálgica y me inspiras algo, será tu sintonía musical, esa cancioncilla al escribir, no sé… me generas un aire tan místico que hasta me siento especial.

La pequeña Olivetti era de mi abuelo, lo recuerdo escribiendo sus cartas y operaciones de contabilidad como si fuese ayer, con aquellas gafas de pasta en equilibrio sobre la punta de la nariz. Cuando suena Olivetti y le cuento mis historietas “astronáuticas” de planetas imaginarios, mi abuelo parece estar un poquito más aquí, más conmigo, más en la tierra.

La Astronauta Valiente

Está la gente que vive en un metro cuadrado de realidad, que es feliz en una minúscula pompa donde todo cabe y todo controla, están los malhumorados, los quejicas incansables, los luchadores, los superficiales sin “chicha ni limoná”, los que quieren soñar, emprender y romper el techo, los que no duermen, los que se enamoran, los que lloran, los que ríen… están todos esos. Y después… están los valientes, estás tú. 

La Casita Marinera


El mar y sus azules por la ventana, colores anaranjados que se dibujan como un cuadro de Monet. Y me quedo en blanco… pasmada mirando los minúsculos barcos en el horizonte. Historietas, viajes, películas… textos que regresan a mi memoria a modo de voz en off… y no me encuentro.

… yo sólo quiero, yo sólo entiendo, yo sólo busco… y ya no me encuentro.

Puede que a veces (y sólo a veces), tengamos que perdernos, apagar nuestras bombillas un ratito, y en esa oscuridad en la que no queda nada de lo que habíamos dibujado; reconstruir nuestras piezas, para resurgir, como ese terremoto que solíamos ser los domingos por la tarde.

Y es que uno no se imagina todo lo que se ve desde la Casita Marinera con las luces apagadas… ese pellizco en la barriga que algunos llaman ansiedad. Esa lagartija que se empeña en alejarte de ti misma, de tus planetas. Todo proceso creativo tiene tintes oscuros, NOES enormes y pérdida de visibilidad… atardeceres y amaneceres exactamente idénticos. La soledad es muy creativa, guarda una nostálgica que engancha, e incluso que da miedo… que aparta y mucho, de casi todo. Los sueños… enormes, se vuelven inalcanzables, y eso… no puede ser.

La Ciudad del Viento

Las torres son tan altas, y tan altos los gigantes…
Hoy he soñado que regresaba a Chicago, aquel espectáculo de torres inalcanzables bajo mis pies o sobre mi cabeza… cuantos ratos a solas, cuantos momentos contigo entre inmensas calles de cine.
Será porque estoy enganchada de forma descomunal a “Shameless“, esa serie gamberra rodada en los suburbios de Chicago… será porque ayer vi como diez capítulos seguidos (cosas de esta ola de frío polar), no lo sé… pero mis recuerdos se vuelven increíblemente nítidos esta mañana congelada de domingo en Siberia.
Que empiece la música…

Asteroide 2016

30 de diciembre del 2016
Ya tengo las maletas preparadas, el cohete disparando estrellas como nunca, no se si alguna vez arreglaré ese maldito tubo de escape, en el fondo me gusta que la purpurina lo ilumine todo al despegar; esa fascinante estela de color al arrancar… dejando constancia de lo vivido.
Asteroide, te echaré de menos… tanto, tanto, que he intentado atraparte en postales, en notas de última hora, en cintas de recuerdos y cajas gigantescas embaladas… casi no me cabe todo en mi pequeño maletero de hojalata. Me esforzaré mucho en no olvidarte (te lo prometo), en no perder jamás todo lo que me has regalado y lo que hemos aprendido juntos. Tantísimos viajes infinitos por carreteras olvidadas, tantísimas decisiones sobre la marcha…
No siempre el universo hermoso nos lleva a los lugares más transitados, a veces nos sentimos solos, materia oscura, silencio infinito. Aunque en esos momentos la burbuja se hace tan brillante, tan intensa… que hasta la oscuridad más profunda deja de darnos miedo. Asteroide, no quiero irme, pero el reloj corre rapidísimo, y esta vez no puedo detener el tiempo, ni engañarte con fotogramas trucados, tengo que despedirme, dejarte atrás como a otros tantos asteroides del pasado.

Este sitio web utiliza cookies para que usted tenga la mejor experiencia de usuario. Si continúa navegando está dando su consentimiento para la aceptación de las mencionadas cookies y la aceptación de nuestra política de cookies, pinche el enlace para mayor información.plugin cookies

ACEPTAR
Aviso de cookies